La señora con la que trabajé escondió unas llaves de un cajón y me echo la culpa. Me sentí horrible, porque yo vi cuando ella escondió las llaves. La verdad, después de esa experiencia renuncié. Solo trabajé una semana con la señora, no estaba dispuesta a soportar sus humillaciones, porque a pesar de todo era una señora enferma y de edad avanzada, pero me dolió tener que comer en el patio de su casa, donde también comía el perrito.