«Hola buenas tardes mi nombre es Itzel y soy de San Luis Potosí y quiero contar mi historia:
Cuando tenía 18 años trabajé en casa de una señora, tenía un hijo el cuál tenía discapacidad y desde que entraba en la mañanita me ponía a atenderlo y darle sus comidas, tenía también que tener toda la casa impecable y habitaciones muy bien arregladas, pero en el transcurso del día llegaban ella y sus hijos y desordenaban todo lo que yo ya había dejado listo, se ponían a cocinar la señora y su hija y dejarme muchísimos trastes de nuevo sucios, dejaba los baños impecables, pero en un par de horas sus hijos dejaban sucio y lleno de orines y la señora me decía que yo no había dejado limpio el baño. Me mal pasaba mucho en comer, no tenía tiempo ni siquiera de comer algo para aguantar el hambre, cuando se llegaba la hora de mi salida se ponían a cocinar y me decían que me quedara a comer que no fuera grosera porque me estaban «invitando», pero cuando me servía mi plato me ponían a pasarles sal, vasos, calentar tortillas, etc. Al final no terminaba de comer porque me decía la señora: «»no seas malita, antes de irte déjame lavados los trastes y bien limpia la cocina»» y terminaba acabando 3 horas después de mi hora de salida ¡Eso sucedía diario!.
También tenían la costumbre de que cuando se iba a llegar mi hora de salida la señora se salía y me decía «ahorita regreso rápido no te vayas a ir para que no dejes a mi hijo solo» (el chico con discapacidad) y llegaba horas después de la hora de salida.
Siempre que tenía visitas o reuniones me «invitaba», pero solo lo hacía para tenerme sirviendo a las personas y recogiendo el desastre que dejaban, además de que tenía que aguantar malas caras de sus amistades e invitados porque me miraban como la «criada» y no debería de estar ahí en esas reuniones. Me fue cada vez aumentando horas, yo entraba 8 AM y terminaba saliendo 9 de la noche de su casa y a esa hora tenía que tomar mi transporte sola hasta la carretera. Me quedó a deber varios días que nunca me pagó y las horas que me quedaba después de mi hora de salida jamás me las pagó, me decía que me quedara «como un favor» y hubo algunos sábados que me mandaba a casa de su hija a recoger y solo me daban $100. Tiempo después me dijo «después te hablo, ahorita no te voy a ocupar» y jamás me habló, jamás dije nada ni reclamé porque la señora decía tener amistad entre ella y yo, pero solo me utilizaba.