Bendito Dios me han tocado patronas muy buenas que hasta un lugar ponían en la mesa para mí, recuerdo sentirme extraña por invitarme a comer con ellos cuando yo ya había agarrado mi platito para irme a sentar a la barrita de la cocina. Y la única que me tocó media culey me las pagaba, nunca me dejé, cuando vio que no era como las otras tuvo que bajarle a su estrés ya después hasta buena onda se volvió la mendiga amargada.