«Si de hecho igual trabajando en la Ciudad de México hace unos cuantos años con el sobrino de López Obrador no podíamos cenar. Nos contaban hasta las tortillas, no podíamos agarrar fruta ni jamón y todo estaba escatimando. Hasta con los closets, no podíamos agarrar los ganchos; ni uno solo para la ropa. De hecho a mi compañera le descontó 350 pesos por haber abierto una lata de chiles ,de las más pequeñas.»