Antes que nada admiro y respeto a todas las mujeres que trabajan en esto, es un trabajo duro y muy escasamente reconocido. Como todas ustedes, he trabajado de empleada doméstica y quiero confesarles que realmente no me gusta hacerlo, por circunstancias de la vida y el no haber hecho caso a mis padres de estudiar, la vida me fue llevando a ejercer este trabajo. Desgraciadamente es un trabajo muy mal pagado, te explotan mucho hasta sacarte el último aliento de energía, hay personas que hasta invitarte «un taco» les duele y les pesa, tienes que lidiar con sus hijos mal educados, o con los esposos resbalosos, con los malos modos y genios de las señoras que según como hayan dormido o haya ido su día te tratan. Me han tocado señoras que en la vida le pasaron un trapo a ningún mueble y quieren que por dos pesos les dejes limpia su casa como si fuera nueva, tienes que tolerar que todo el que habite esa casa te de órdenes y si son los hijos mimados de la señora peor aún, es un trabajo mal pagado, sin garantías laborales, sin prestaciones, y además mal visto en la sociedad por que para la gente “nice», la que tiene un título universitario o es exitosa en la vida, uno es » la chacha, la gata, la sirvienta, la muchacha, la señora de la limpieza, la de intendencia y etcétera…

Como casi todas de ustedes también me vi en la necesidad de trabajar de esto porque también soy madre soltera y el padre de mi hija se hizo ojo de hormiga. Por favor no me malinterpreten lo que he escrito, yo admiro y respeto a todas y cada una de ustedes y estoy de su lado, pero la verdad siendo muy honestas no es un trabajo muy bien pagado y dejas vida, salud y energía a cambio muchas veces de nada…

 

“Sarahi Jimenez Lopez, Trabajadora del Hogar”