«De las tres familias para las que trabajo, la primera me dijo que no tenían dinero para pagarme. La segunda me dejo de llamar porque “salieron de viaje”. Y la tercera me despidió porque en su condominio habían entrado a robar. Ni siquiera robaron su casa…entonces me pregunto…¿Qué tiene que ver?

Y ahora no tengo empleo, tengo tres hijos y no tengo dónde vivir. Nos quedamos sin casa, y hemos estado durmiendo donde nos reciben.»