Yo soy Maya, hablo kaqchikel pero crecí en la ciudad capital de Guatemala. Por eso que puedo hablar muy bien el español también. Soy enfermera auxiliar pero aquí en Guatemala es muy difícil que uno por ser indígena le den trabajo. La que tenía el empleo es una compañera que es graduada de turismo y hotelería. A ella le ofrecieron ese trabajo de muchacha de aseo ganando 1500 al mes nada más. Luego ella resultó embarazada, y me dejó a mi. Por falta de empleo yo acepté ese trabajo. El trato era feo, bueno a veces ellos se iban de viaje y la casa quedaba sola pues uno se aburría de estar limpiando lo mismo todos los días, pero bueno algo a nada. Luego ellos llegaban con sus nietos, papás tías, en fin la casa se llenaba. Uno tenía que trabajar en feriados: navidad, año nuevo, en recompensa de los días en que ellos se ausentaban. Me acuerdo que en una ocasión tenía una urgencia y le pedí permiso en ese entonces a mi patrona y me dijo que de que si ellos ni estaban y a parte yo quería irme. Era sólo una hora antes de mi salida. Me humilló bastante delante de su cuñada. Una navidad ellos se sentaron a comer a la media noche y yo seguía sirviendo estaba cansada, empecé mis labores a las 6 de la mañana para hacer la dichosa cena navideña y eran las 12 de la noche yo seguía allí ya muy cansada. Semana santa igual era lo de siempre y en la ley si uno trabaja esos días son pagados el doble pero ellos no si uno quería el trabajo aguantaba. Recuerdo una vez que la señora se molestó porque no le aparecía una libra de sal al punto de decirme si yo lo había agarrado. No se imagina cómo me sentí. Podré ser pobre pero a robar una libra de sal por favor. Ellos los jugos vencidos y medicina aún se lo tomaban. Eso fue la gota que derramó el vaso. La última nuera se embarazó en su casa y la boda fue repentina para que sus amistades no sospecharan. A los pocos meses le hacían su baby shower. Yo recibiendo mantelería y cristalería para ese dichoso evento. Pues era jueves y la celebración iba hacer sábado. La mamá de doña Olga de Contreras me llamó furiosa por que no le aparecía un pepto bismol. En esos días yo lo había visto pero vi su fecha de caducidad había vencido unos meses ya imagínese yo para que me iba a servir algo vencido y ella me habló muy feo gritándome. Llamé a su yerno y le conté de la situación me dijo que él no podía hacer nada y me enojé tanto. Yo soy pobre pero no por eso me iban a seguir humillando y me retiré. Solo le dejé una carta diciéndoles que gracias por aprovecharse de la necesidad del pobre y si en verdad algo valioso había desaparecido que me mandaran la policía. Y así fue hui de allí y la señora me estuvo llamando casi toda la semana rogándome que regresara pero no más humillaciones, no.